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Principal Estudios Controversias sobre el Reino en el Cielo

PostHeaderIcon Controversias sobre el Reino en el Cielo

Introducción:

Al hacer un estudio exhaustivo de las Sagradas Escrituras podremos descubrir una asombrosa verdad que la cristiandad ha olvidado, hoy todo el mundo cristiano canta muy fervientemente “Yo estaré con Jesús en el Cielo”; y otros enseñan que el cristiano inmediatamente después de morir se va reunir con el Señor allá en el cielo; creer de esta manera hace olvidar totalmente uno de los puntos doctrinales más fuertes que Jesús enseñó y esta es: “La Resurrección de los Muertos”
Mucha gente sincera ha caído presa en esta herejía. En cualquier organización cristiana se oye cantar que en el cielo los que murieron en el Señor se la pasan alabando a Dios con los ángeles, pero los Sagrados Documentos no afirman esta idea, podemos decir que esto pertenece a un folklore cristiano y no propiamente a la pura verdad del evangelio de Cristo.
¿Qué dice la palabra de Dios sobre los que ya murieron? “No alabarán los muertos al Señor, ni cuantos descienden al silencio” Salmo 115:17 Esto es lo que la palabra del Santo dice y usted debe estar dispuesto a oír lo que la palabra del Señor enseña y no que le digan desde el púlpito lo que usted quiere oír. Otro varón del Señor dijo: “Porque el Seol no te exaltará, ni te alabará la muerte; ni los que descienden al sepulcro esperarán tu verdad. El que vive, el que vive, este te dará alabanza como yo hoy; el Padre hará notoria tu verdad a los hijos” Isaías 38:19 – 20. Debemos estar claros, y más allá de cualquier duda, que ninguno de los que ya durmieron en el Señor han recibido la recompensa de la Vida Eterna, ¡No se adelante a los hechos!, en la carta a los Hebreos, en el capítulo 11 se nos habla de tantos hombres y mujeres fieles, y se recuerda cuanto sufrieron y combatieron por la fe dada un día a los santos, y después de narrar todo su batallar conclusivamente dice el Espíritu “Y todos estos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros” Hebreos 11:39 – 40


Esa es la idea Egipcia, babilónica, griega, romana, y de los mayas, aquellos idolatraban a los difuntos, faraones, reyes, los embalsamaban y los deificaban, el cristianismo se leudó con esa herejía, y muchos idolatran a las grandes mujeres y varones que en el pasado militaron en la fe, oímos que los canonizan y elevan a nivel de divinidades después de una serie de ceremonias ¿Pero cómo es que los mortales podrán deificar a los que ya murieron? Esto no es más que un nuevo modelo de espiritismo, evocar a los muertos. Pero en las Sagradas Escrituras leemos textualmente las palabras del maestro Jesús: “Y nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo” Juan 3:13
Entonces dirá alguno ¿Por qué tantos versículos que hablan del cielo? Eso es lo que nos proponemos en esta disertación, estudiar cada texto y ver lo que se dice en él y no lo que yo quiero que diga, sino propiamente lo que dice sin quitarle ni mucho menos ponerle, leer los versos sin ningún prejuicio, así encontraremos la verdad.

Entrando en Materia

Jesús usó en sus predicaciones muy a menudo esta expresión: “Reino de los Cielos” “Bienaventurados los pobres en Espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos” Mateo 5:3 Pero al leer cuidadosamente el texto notará que no se lee Reino en los cielos, sino Reino de los cielos, con esto denota procedencia, se trata de un Reino que vino del cielo y no que los súbditos de este Reino van a ir allá a disfrutarlo, escúcheme bien, ese Reino se le acercó a los hombres, Sí, Jesús lo dice en la misma Biblia que usted lee a diario, “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: arrepentíos, porque el Reino de los cielos se ha acercado” Mateo 4:17  Es que las Sagradas Escrituras no se contradicen, es nuestro insensato razonamiento que nos hace ver o entender cosas que el Señor no ha prometido, en el Sermón del Monte, leyéndolo con razonamiento humano encontraremos una gran contradicción en dos versículos seguidos, lógicamente si lo entendemos con nuestro razonamiento humano. Leamos cuidadosamente Mateo 5:3 y después el verso 5 “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.” Y ahora dice el verso 5 “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad” ¿Cómo es que a los Pobres en Espíritu les ofrece el Cielo y a los mansos la Tierra? ¿Qué podrán explicar los teólogos  enseñando que la heredad del Cristiano es el Cielo? No hay contradicción alguna al verlo con la mente de Dios. Ya dijimos que el Reino de los Cielos se ha acercado, y ese Reino que se acercó es el evangelio, La Palabra misma lo dice: “Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando El Evangelio del Reino…” Mateo 4:23 Solo las personas humildes, sencillas de corazón pueden someterse voluntariamente a este Reino que vino del cielo, ese conjunto de leyes que rigen la conciencia del hombre, cuando éste se somete mediante su arrepentimiento, y es que someterse a este Reino venido del Cielo hoy no es nada fácil porque esas leyes no son impuestas con algún poder coercitivo sino que el hombre se somete a este sistema divino voluntariamente y por la fe, por eso solo los pobres en espíritu, los humildes, no los altaneros ni sabiondos pueden entregarse a este Reino venido del cielo, entonces en nada contradice a la promesa firme y tácita que Jesús está revalidando, dada en el antiguo pacto que son los mansos que heredarán la tierra.



Seguramente a estas alturas de la meditación nuestro lector estará preguntándose ¿Y cómo está el caso del ladrón arrepentido? “Y dijo a Jesús: acuérdate de mí cuando vengas en tu Reino. Entonces Jesús le dijo: de cierto de cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” Lucas 23:42 – 43 Lo que livianamente se piensa por estar prejuiciados dogmáticamente que al morir el cristiano se va al cielo es que este hombre se fue inmediatamente con Jesús al cielo después que murió. ¿Deberás es cierto eso? ¿Acaso Jesús en cuanto murió ascendió al cielo? ¡No! Jesús estuvo tres días y tres noches en la tumba y después de resucitar y ascender al cielo pasó cuarenta días más en la tierra, así está escrito en el segundo tratado de Lucas “A quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del Reino de Dios” Hechos 1:3

Bueno, y ¿Cómo es que Jesús para ascender al cielo tuvo que resucitar primero y el ladrón arrepentido no? Estimado lector, Las Escrituras son como las matemáticas, una coma mal puesta le hace perder un capital, así un texto mal interpretado el hombre tiene que inventarse otra mentira para sostener la primera. El arrepentido ladrón literalmente no se fue con Jesús al cielo inmediatamente, ni tampoco después, ya leímos en Juan 3:13 que “Nadie subió al cielo…” Cuán importante es leer las Sagradas Escrituras no con nuestro razonamiento humano, sino con el razonamiento divino. Si pensamos que aquel ex malhechor arrepentido fue llevado al cielo en cuanto murió estamos contradiciendo todo el marco contextual de la enseñanza de Jesús y de los apóstoles, recuerde bien que ya leímos en Hebreos 11:39 – 40 que ninguno de los profetas de Dios ha recibido lo prometido Y ¿Porque este ex convicto arrepentido va estar ya gozando de la promesa? Y aun más este hombre de quien estamos hablando nunca pensó en ir al cielo en cuanto muriera, este arrepentido pecador sabía más que los teólogos del siglo XXI, a juzgar por lo que le pide a Jesús, no le rogó que lo llevara consigo para el cielo, ¡No! Lo que pidió fue muy atinado y congruente con la doctrina de Jesús “Acuérdate de mí cuando vinieres a tu Reino” Lucas 23:43 ¿Lo notó? Es contrario a lo que la cristiandad piensa hoy, de estar con Jesús inmediatamente después de morir; aquel le pide “Acuérdate de mi cuando vuelvas”.


Jesús le dijo al arrepentido ladrón “De cierto de cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” Lucas 23:43
Aquel hombre miraba lejos, pero muy lejos, la venida de Jesús y la instalación de su Reino en la tierra, pero Él le dice: “Hoy estarás conmigo”; ¡Ese hoy es para Jesús, no para el moribundo ladrón!, en la Eternidad no hay tiempo ni hay espacio, el ladrón murió, se fue a la inconsciencia, tal vez ni fue sepultado sino que las aves del cielo lo devoraron, pero estando muerto el tiempo no cuenta, para aquel hombre no han pasado dos mil y tantos años, cuando vuelva a la vida estarán en su mente estas últimas palabras de Jesús; si nosotros los humanos le podemos decir a un hijo: Estudie, para que mañana sea una persona de bien, ese mañana no es literal, es algo figurado, para Dios no existe mañana, solo el hoy, “De cierto, de cierto os digo: viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán” Juan 5:25, repetimos y enfatizamos, para Dios no hay mañana, eso solo pertenece a los mortales, para el Eterno todo está en presente; así que ese “Hoy estarás conmigo” que le dijo al arrepentido ladrón es para el Señor y no para nosotros los humanos.



Lo Único que hay de Nosotros en el Cielo es Nuestro Nombre

En la estadística celestial están registrados los nombres de los que hoy se han sometido al Reino de Dios, “Pero no os regocijéis que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de vuestros nombres que están escritos en los cielos” Lucas 10:20 Y al estar inscritos en el libro de la vida eso quiere decir que tenemos una nueva ciudadanía, como nos lo dice Pablo “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” Filipenses 3:20
Somos ciudadanos del Reino de los cielos, vivimos aquí en la tierra regidos materialmente por los gobiernos humanos, pero espiritualmente estamos sometidos al Reino de Dios “Sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, a la compañía de muchos millares de Ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos” Hebreos 12:22 – 23
Pero note que no dice que cuando muramos vamos a llegar a la ciudad del Dios vivo, sino que ya estamos, ya nos hemos acercado a los primogénitos, nuestro nombre está registrado en el cielo, y es que nuestra recompensa está en aquel lugar, y cuando Jesús vuelva la traerá para dárnosla, obviamente habiéndose operado primeramente la resurrección de los muertos, “He aquí yo vengo pronto y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra” Apocalipsis 22:12

Este premio se dará después de la resurrección de los justos y no antes, el apóstol Pablo así lo manifestó una y otra vez “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás me está guardada la corona de Justicia, la cual me dará el Señor, Juez Justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida” 2 Timoteo 4:7 – 8

Estudiemos Ahora 2 Corintios 5:1 – 4

Estos textos al leerlos con mentalidad humana, leudados con el prejuicio de ir al cielo, la gente lee y solamente entiende lo que quiere entender y no lo que el sentido estricto de la palabra quiere enseñar “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere tenemos de Dios un Edificio, una casa no hecha de manos, Eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos. Porque así mismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino ser revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida” 2 Corintios 5:1 – 4 Pablo nos habla de una casa terrena, la cual no importa que se deshaga, porque tenemos otra no hecha de manos en el cielo, pero en ninguna parte nos dice que vamos a ir a gozar al cielo de esa casa no hecha de manos; para entender este mensaje es necesario identificar cuáles son esas dos casas; se trata de los dos cuerpos, la casa terrestre es nuestro cuerpo terrenal, el cual se va deshaciendo por el tropel de los años, pero aunque esto suceda queda la casa celestial y este es el cuerpo glorificado que nos dará el Señor en la resurrección de los muertos, leamos cuidadosamente el versículo 4 del capítulo en cuestión: “Porque así mismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos para que lo mortal sea absorbido por la vida” Note bien que nos habla del cuerpo de la inmortalidad, y esto lo adquiriremos hasta la resurrección de los muertos, cuando nos den un cuerpo semejante al de Jesús que hoy está el cielo “El cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya… ” Filipenses 3.21
Pero ¿Qué nos quiere decir Pablo cuando escribe que no quisiéramos ser denudados sino sobrevestidos? Ser desnudados es morir, la muerte nos desnuda, y ser sobrevestidos es que sobre este cuerpo mortal nos pongan el otro, El Cuerpo Inmortal, o sea entrar a la inmortalidad sin pasar por el doloroso proceso de la muerte, es lo mismo que nos dice en 1 Corintios 15 “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte con victoria” 1 Corintios 15:53 – 54 Nuestro premio es disfrutar de la inmortalidad, tener un cuerpo semejante al de Cristo, esa es nuestra herencia y hoy está guardada en los cielos “Para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros” 1 Pedro 1:4 Pero ya explicamos mas de una vez que los cristianos no irán al cielo a gozar de esta herencia, sino que Jesús la traerá a la tierra, y resucitará a los justos con ese cuerpo de gloria e inmortalidad.

Estudiemos Juan 14:1 - 4

“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mi. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”
Estos versículos han sido muy usados para pretender demostrar que los cristianos estarán con Jesús en el cielo; pero al leer los textos sin ningún prejuicio religioso, el lector puede notar que ni siquiera se menciona la palabra cielo en estos versículos, sino que lo que se ha hecho es forzar La Escritura para querer que ella diga lo que realmente no está diciendo.

Tenemos que partir de este punto, el estado emocional que los discípulos estaban viviendo en ese momento cuando Jesús dijo estas palabras era muy difícil. Hacía unos momentos habían celebrado la última pascua y comieron la primer Cena y en ella Jesús dijo que uno de los doce lo iba a entregar a la muerte, esto dio pie a una tremenda turbación, Jesús queriéndolos calmar les dice: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mi” Juan 14:1 Tal parece que ellos estaban dudando de Jesucristo, sentían que se había terminado todo, y por ello Jesús les dice “No se turbe vuestro corazón” Note bien que ni siquiera se menciona la palabra cielo en este diálogo, Jesús les sigue diciendo “En la casa de mi Padre hay muchas moradas” Les está enfatizando que el Reino de Dios es infinito, donde hay lugar para todos. Esa casa del Padre no es otra más que la nueva Jerusalén donde el Padre, el Hijo, los ángeles y sus redimidos reinarán eternamente. “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía mas. Y yo Juan vi la Santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y Él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios” Apocalipsis 21:1 – 3
En Juan 14:1 – 4 les está señalando el Reino que es infinito en dimensión, donde hay lugar para todos y se los presenta como la casa del Padre, la nueva Jerusalén, ciudad que también esperaban los patriarcas “Por la fe Abrahán, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia…Porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” Hebreos 11:8 – 10
Esta gran ciudad descenderá del cielo después del milenio, donde mora el Padre Dios; hoy por hoy la mente humana es muy limitada para poderse imaginar semejante gloria. Jesús tenía que ir a la cruz, resucitar y después de esta dura experiencia volvería al Padre; por ello les dice en el verso 4 de Juan 14 “Y Sabéis a donde voy, y sabéis el camino” Él regresaría al Padre de donde había venido y promete volver, y una vez regresando tomarnos para Él, y a donde Él esté estarán sus seguidores. ¿Dónde va a estar cuando vuelva? Durante el milenio estará en el trono de David, “Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los Santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria” ´Mateo 25:31 Ese trono donde se sentará es el de David, “Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, éste será grande, y será llamado hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre” Lucas 1:31 – 32 Y después del milenio, cuando le entregue el Reino a su Padre, estará en la nueva Jerusalén en el Tabernáculo o casa del Padre “Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del cordero en medio de la calle de la ciudad, y a uno y al otro lado del río estaba el árbol de la vida que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones” Apocalipsis 22:1 – 2
Pero atención a esto, los redimidos no irán al cielo a disfrutar de la nueva Jerusalén, Juan vio que la ciudad descendía del cielo “Y yo Juan vi la Santa Ciudad, la Nueva Jerusalén descender del cielo…” Apocalipsis 21:2
Jesucristo después de morir, resucitar y pasar cuarenta días con sus discípulos ascendió al cielo, se sentó a la diestra del Padre, pero antes les había dicho: “Hijitos, aun estaré con vosotros un poco. Me buscaréis; pero como dije a los judíos, así os digo ahora a vosotros: A donde yo voy, vosotros no podéis ir” Juan 13:33 ¿A dónde iba Jesús que sus discípulos no podían ir? ¡Pues al cielo!, a la casa de su Padre, de donde en el tiempo estipulado volverá con el Reino prometido. Reino este que en su segunda fase durará mil años y en la tercera durará la eternidad donde vendrá el tabernáculo de Dios, la nueva Jerusalén, pero repetimos, esta ciudad descenderá a la tierra nueva, los santos no irán al cielo a gozar de ella, usted ya lo leyó en Apocalipsis 21:1 – 3
¿De dónde sacan esa doctrina de irse a reunir al cielo con Jesucristo? Lo que podemos ver es que el mensaje de Jesús ha sido mal entendido, el espíritu de revelación se ha apartado de la cristiandad, y se está predicando un evangelio vacío, huérfano de toda verdad, completamente contrario al evangelio de Jesucristo, quien enseñó enfáticamente que él traería el premio a la tierra donde será la sede de su Santo Gobierno (Pida nuestro folleto “Las Tres Fases del Reino de Dios”)

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