Fragmentos Historicos de la Iglesia de Dios
Historia del Remanente Santo
Introducción:
Esta Iglesia en Honduras se estableció hace aproximadamente setenta y cinco años, a lo largo de los cuales ha vivido tiempos muy difíciles que explican hasta cierto punto su situación actual. Pero la mayoría de sus miembros desconocen su historia presente y sus raíces.
Uno de los objetivos de la dirigencia ha sido luchar por el fortalecimiento del sentido de identidad de los miembros de la Iglesia, sobre todo en sus nuevas generaciones, pues el pueblo que desconoce sus raíces es una presa fácil del engaño, de falsas doctrinas y nuevas formas de culto. Uno de los grandes peligros que amenazan a la Iglesia es la enorme confusión religiosa en que vivimos, la cual fue profetizada desde tiempos apostólicos, “Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila, para que volase delante de la serpiente al desierto, a su lugar donde es sustentada por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo. Y la serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para que fuese arrastrada por el río” Apocalipsis 12:14 – 15
Desconocer nuestro origen, nuestra historia, mantenernos aislados del resto de nuestros hermanos por temor, ignorancia, negligencia e indiferencia ha generado una baja autoestima en el remanente Santo, que nos ha llevado a considerarnos como un minúsculo grupo arrinconado en uno de los países mas pobres del mundo.
Por tal razón presentamos con mucho agrado un breve resumen de nuestra historia como parte del remanente del Reino de Dios a partir del primer siglo después de Cristo. Pues no debemos olvidar que nuestro origen como pueblo es tan antiguo como el hombre mismo; por tanto se hace necesario remontarnos a las promesas dadas a Abrahán, nosotros somos herederos de ellas en el aspecto espiritual (Gálatas 3:29) Así que le invitamos que con un corazón dispuesto nos acompañe a lo largo de este histórico viaje de mas de dos mil años.
La Iglesia que se Resistió a Morir
Actualmente el cristianismo se encuentra fraccionado en diferentes corrientes ¿Dónde está aquella Iglesia que Cristo fundó? Mateo 16:18 “Edificaré mi Iglesia…”
En medio de este impetuoso vendaval y corrientes de ríos revueltos de doctrinas sincréticas no es fácil encontrarla; es como buscar un tesoro escondido, pero como la luz en medio de las tinieblas resplandece, ella siempre ha estado alumbrando, aunque a veces solamente como un pábilo humeante, una llama a punto de apagarse, como dijo el profeta, Isaías 42:3 Pero de repente le han soplado vientos de avivamiento, y la llama de esta doctrina ha vuelto a surgir. Dios dejó bien marcadas dos inconfundibles características para este pueblo “Guardan los mandamientos de Dios y tienen la fe de Jesús” Apocalipsis 14:12 No es tan fácil rastrear la historia de este pueblo, porque la poca información que se tiene proviene de las calumnias de sus enemigos.
“Y dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre, el cual confiará en el nombre del Eterno” Sofonías 3:12
Todos han buscado la Iglesia que Cristo fundó donde no está, hay una gran diferencia entre las prácticas de la Iglesia Apostólica y las grandes masas que componen la cristiandad en todos los siglos.
¿Cómo se extendió la Iglesia por el Mundo?
El imperio Romano dominó desde Germania hasta el Sahara del Sur, y desde el Atlántico hasta el Eufrates. Dentro de ese gran imperio operó el remanente Santo. Un factor importante para el crecimiento de este pueblo en el primer siglo fue la dispersión de los judíos en todo el mundo occidental. Los ministros de la Iglesia comenzaron a pregonar el evangelio en las sinagogas, y también creció el número de gentiles convertidos, al principio le llamaban a esa enseñanza “El Camino” Hechos 19:23
Sin darse cuenta los romanos habían preparado el camino para la difusión de aquella antigua fe. Las grandes vías que construyeron para trasladar tropas a la batalla sirvieron a los discípulos de Jesús para desplazarse a los rincones mas apartados del imperio. El sistema de correos que habían implementado los romanos fue otro elemento a favor de los seguidores de Jesús, recordemos a Pablo comunicándose con las Iglesias mediante la correspondencia.
Al despuntar el siglo IV se desató una gran persecución. Para el año 303 esta manada pequeña había resistido no menos de nueve persecuciones, comenzando con los ataque de Nerón en el año 64, el terror que se desató en el año 303 fue terrible. Aquella décima persecución del emperador Deoclesiano se prolongó diez años en el oriente, el anciano Juan lo había profetizado “…Tendréis tribulación por diez días. Se fiel hasta la muerte” Apocalipsis 2:10
Se revuelven las Aguas
A comienzos del siglo IV el imperio Romano ya estaba en decadencia, y se produjo un cambio trascendental en lo político como en lo religioso. Constantino, un destacado general que luego fue proclamado César por los ejércitos de Roma, conducía sus tropas contra sus enemigos en la batalla del puente Milvio, antes de la batalla tuvo una visión: vio las iniciales del nombre de Cristo y oyó una voz que le decía “Por este signo vencerás”
Constantino mandó a pintar el signo de la cruz en los escudos de sus soldados, sus tropas ganaron la batalla, y la relación de Roma con una parte del cristianismo cambió para siempre. Constantino decretó que el cristianismo sería una religión oficial en el imperio, igual que otras religiones de su época. El edicto de Milán, en el año 312, les restauró las propiedades que les habían sido confiscadas a los cristianos, fue la época cuando salieron de las catacumbas y bajaron de los lugares escondidos.
Al ver que las doctrinas y prácticas de la nueva religión acogida por Constantino presentaban grandes diferencias con sus antiguas creencias, el emperador convocó el primer concilio ecuménico en la ciudad de Nicea en el Asia Menor (Hoy Turquía) en el año 325.
En el 321 el emperador ya había decretado que el día del sol (llamado por muchos cristianos el primer día) había de ser del día de reposo semanal. Después de muchas deliberaciones el concilio de Nicea dicta que todas las Iglesias guardaran el domingo como día de reposo (Sunday) y anularon la conmemoración pascual anual de la muerte de Jesús. La mayoría de los cristianos en el oriente acataron la orden del Concilio de Nicea.
Pero después de este cónclave, los que se aferraron a las doctrinas del antiguo Camino se negaron a obedecer el nuevo decreto, por lo tanto, después de haber salido de las catacumbas y bajado de las montañas tuvieron que huir nuevamente a esos lugares de escondite, fueron las regiones apartadas de Armenia. Había entre ellos algunos fieles a la antigua fe que llegaron a conocerse como “PAULICIANOS”, este nombre se deriva por su devoción a los escritos del apóstol Pablo o por algún obispo con ese nombre que vivió en es ese siglo.
A mediados del siglo IX la emperatriz Teodora persiguió con saña a los diversos grupos de aquel antiguo Camino que no se sometieron al concilio de Nicea, y sus enemigos los identificaban como los Paulicianos. Entre los años 840 – 860 el número de los mártires llegaba a como a cien mil.
Un eslabón en la cadena de la Historia
En la región de Armenia en el Asia menor, en el sigo IX, el remanente comprendió que era imposible permanecer seguros en esas regiones, estaban atrapados entre el poder del Islam en el medio oriente, y el poderío de la Iglesia bizantina en el Asia menor. Los fieles creyentes tuvieron que buscar refugio en otra región, al occidente, en los Balcanes, para ser más exactos en la república de Bulgaria.
La enciclopedia de conocimientos religiosos dice lo siguiente acerca de estos tiempos azarosos: “en el años 845, la emperatriz Teodora y el emperador Miguel obligaron a los paulicianos a convertirse (a la fe romana) o abandonar el imperio. A raíz de lo cual varios de ellos fueron condenados a muerte y otros se marcharon. Pero no todos fueron exterminados, ni todos fueron al exilio. Hacia el final de aquel azaroso siglo, los paulicianos difundieron su doctrina entre los búlgaros. Es así como la historia de la Iglesia pasa al suroeste de Europa.
Un Remanente en Bulgaria
Los Paulicianos llegaron a asociarse con una secta llamada Bogomilas, muchos de los cuales no eran verdaderamente cristianos. En estos grupos no se han encontrado escritos originales, pues ya dijimos que la información que ha llegado hasta nosotros procede de sus opositores, por lo tanto es más difícil trazar la historia de estos que la de los paulicianos.
Estos vivieron aislados, estaban en el desierto, o sea en la soledad, en las inhóspitas montañas, sometidos a crueles persecuciones, sin los medios de comunicación que hoy tenemos. Por estas causas y otras más seguramente aquellos fieles seguidores de Cristo ignoraban varios puntos de las verdades bíblicas que hoy tenemos el privilegio de entender. El mundo estaba sumido en la edad del oscurantismo, la educación era escasa y la poca que había estaba enclaustrada en los monasterios del cristianismo sincretizado con el romanismo. No había libertad de expresión ni mucho menos de culto, y esto fue la causa para el retraso intelectual, la religión romana se convirtió en opio que adormeció a los pueblos. Pero el remanente fiel, a pesar de todo lo que había en su contra, su celo por mantener sin contaminación, lo poco de la doctrina apostólica que les había quedado siguió siendo una inspiración hasta el día de hoy.
El emperador Alejo dio orden de llevar a la hoguera a todos los bogomilas que rehusaran retractarse de sus convicciones, entre ellos se encontraba el ministro Basileo, uno de los muchos fieles por las convicciones que profesaba.
Las persecuciones no lograron erradicar al pueblo de Dios, en esa época ni en ninguna otra. Iban surgiendo otros grupos a medida que el remanente todavía oculto se extendía hacia el occidente. ¡Su nombre cambiaba! Aquella manada pequeña que luchaba por guardar los mandamientos de Dios y la fe de Jesús, llevaba algunas veces el nombre de sus líderes, a veces el nombre de alguna doctrina y otras el del lugar donde se encontraban ubicados. En su expansión hacia el occidente encontramos varios grupos que se opusieron al sincretismo Romano Cristiano, conocidos por diferentes nombres, por ejemplo, los albigenses, su nombre se debió a que se ubicaron en un pueblo francés llamado “Albí”
Otros grupos recibieron los nombres de: Cátaros, Búlgaros, Patarini, Paulicianos, etc. No todos estos grupos perseguidos eran descendientes de la primitiva Iglesia, pero entre ellos sobrevivió la doctrina apostólica.
Por causa de la persecución y su celo misionero de propagar la fe, los bogomilas comenzaron a establecerse en otras partes de Europa, o a viajar como mercaderes o artesanos por Italia, Francia y Alemania. Algunos permanecieron en la seguridad montañosa de Bulgaria, Servia y Bosnia. Mientras transcurrían los largos siglos de oscuridad medieval, y el derramamiento de sangre, ellos tuvieron la luz de la palabra de Dios. Los bogomilas eran como velas que alumbraban en la oscuridad espiritual de los Balcanes, así como los paulicianos habían sido portadores de la lámpara de vida en Armenia y Siria. La época en que los bogomilas lucharon por preservar la palabra de Dios fue la más oscura de la Edad media.
Una Iglesia amante de las Sagradas Escrituras
En el año 1170 en la ciudad de Lyon, al sur este de Francia, vivía un rico mercader llamado Pedro Valdo. Este hombre fundó un movimiento con repercusiones mayores que cualquiera de los apóstoles formados por Jesús. Después de su conversión, Pedro Valdo comisionó a una persona para que tradujera las Sagradas Escrituras al francés corriente de su época, y de esta manera el Sagrado libro llegó a manos del Pueblo.
Valdo y sus seguidores difundieron el evangelio, primero en las regiones alpinas de Europa y luego en las regiones más lejanas. A veces las autoridades locales les confiscaron los Santos Escritos, y ellos se apresuraban a hacer nuevos ejemplares. Valdo y sus seguidores se impusieron la asombrosa tarea de memorizarce largos pasajes de las Sagradas Escrituras. Sus opositores quedaban desconcertados ante el conocimiento de estas personas.
Según la historia eran almas tan instruidas en Las Sagradas Escrituras que habían campesinos capaces de recitar el libro de Job al pie de la letra, y otros que recitaban a la perfección el nuevo testamento.
Las autoridades se asombraban ante el conocimiento y grado de comprensión que los valdenses tenían de las Sagradas Escrituras. Era un pueblo amante de la verdad de Dios por encima de todo, enseñaban a sus hijos a memorizar capítulos enteros, de tal manera que aunque los ejemplares del libro Santo fueran destruidos quedaran grandes trozos grabados en la memoria de sus jóvenes. Iban descalzos o con los zapatos envueltos en trapos a las reuniones secretas que realizaban para que no les oyeran al pasar. En estas reuniones se acostumbraba a escuchar que los jóvenes recitaran por turnos grandes porciones de las Sagradas Escrituras. Los valdenses generalmente tenían que habitar en los apartados bosques montañosos. Con el transcurso del tiempo se instituyó una pequeña escuela en los Alpes de Italia, esta se encargó durante el siglo XIV de preparar a los ministros en aquella apartada región del mundo.
El inspirador logotipo que usaban los valdenses era una vela encendida con una frase alrededor que decía: “Una luz que alumbra en las tinieblas” Los valdenses se consideraron depositarios de la fe original entregada por Jesucristo a los apóstoles. Con el fin de propagar sus mensajes, los valdenses se enviaban de dos en dos. Con frecuencia un pastor de Edad Avanzada iba acompañado de un hombre joven, dándole a este la oportunidad de prepararse en el ministerio.
Ellos decían: “Esta religión que profesamos no es nuestra únicamente, ni ha sido inventada por el hombre en años recientes como se afirma falsamente, sino que es la religión de nuestros padres, abuelos y visabuelos, y de otros antecesores nuestros aun mas antiguos, de los bienaventurados mártires profetas y apóstoles. La palabra de Dios no perecerá sino que permanecerá para siempre, por lo tanto si nuestra religión es la verdadera palabra de Dios, como estamos persuadidos, y no invención de los hombres; ninguna fuerza humana podrá extinguirla.
Hubo muchos intentos por hacer desaparecer a los valdenses y sus creencias, los sofistas romanos los miraban como un peligro de herejía. No obstante ellos lograron perdurar. En las tinieblas brillaba una luz, aunque era solo como un pábilo humeante, pero esto preparó el escenario para un cambio dramático en los sucesos que marcan en la desconocida historia de la Iglesia primitiva.
La Iglesia que sale de las Sombras
En el siglo XV, terminado los largos y oscuros siglos de la edad media, el mundo vio un nuevo período de avances en el conocimiento a lo que le llamaron “El Renacimiento”. Renacieron las artes, la ciencia y la religión florecieron con nueva vida.
Durante aquellos oscuros siglos de la historia humana, los pequeños grupos del Santo Camino perseguidos por que no se quisieron plegar al cristianismo sincrético, como verdaderos campeones en la fe conservaron su credo en medio de la adversidad. Con frecuencia la oposición y opresión los obligó a ocultarse, pero no lograron desintegrarlos. Los vientos de cambio de los siglos XV y XVI se convirtieron en un nuevo punto de partida.
Pocos sucesos en la historia universal tendrán tantas repercusiones como el genial invento de Juan Gutemberg a mediados del Siglo XV ¡La imprenta de tipos móviles!
Los primeros ejemplares impresos fueron de las Sagradas Escrituras, antes de esto, los Sagrados Documentos y los escasos libros seglares tenían que copiarse laboriosa y meticulasemente a mano; eran pocos los manuscritos que se hacían, y a disposición del público no había prácticamente ninguno. En la Europa Alpina los que se aferraban a la doctrina de los apóstoles tenían solamente ejemplares fraccionados, debiendo recurrir a la memorización de largos pasajes. Con la impresión de la Biblia el conocimiento de las Sagradas Escrituras se extendió a millares y luego a millones, como sucede en la actualidad. En este periodo hay personajes que dejaron una huella importante en el camino de Dios.
Las Sagradas Escrituras en Inglaterra
Entre 1320 – 1384, el erudito John Wiclef hizo la primera traducción de las Sagradas Escrituras en el idioma Ingles convencido de que ella señalaba el camino a la salvación. Sus seguidores los llamaron “Lolardos”, y entre ellos se encontraron algunos remanentes de los Valdenses que se habían trasladado a Inglaterra.
La historia señala que el mayor servicio que este hombre prestó al pueblo ingles fue la traducción de la Biblia, así como su abierta defensa al derecho de leer el Sagrado Libro en su propia lengua. Su influencia fue un factor que preparó el camino para la reforma desencadenada por Martín Lutero. Otro personaje importante en la época de la reforma, fue John Huss, estudiante de la Universidad de Praga, Huss se sintió inspirado por las enseñanzas de Wiclef.
Su obra en lo que hoy es la Republica Checa, tendría como seguidores a un grupo de discípulos guardadores del sábado en Europa oriental. Huss manifestaba una devoción por los diez mandamientos. Su celo y discrepancia con la Iglesia romana le condujeron a la excomunión, juzgado como hereje, murió en la hoguera en el año 1415. Estos acontecimientos prepararon el camino para los sabatarianos de la Europa Oriental, y mas tarde de Iglaterra, contribuyeron a ser posible la libertad religiosa que hoy disfrutamos, en este período el nombre que mas se destaca es el de Martín Lutero.
Lo que de allí surgió, ha tenido enormes repercusiones en todo el mundo occidental.
Hemos mostrado en esta historia del remanente santo, que siempre hubo grupos dispersos, a menudo perseguidos, aislados de las grandes corrientes del evangelio Leudado. Nazarenos, Paulicianos, Bogomilas, y Valdenses fueron algunos de los grupos entre los cuales se mezclaron verdaderos cristianos dispuestos a conservar la fe apostólica, se aferraron a la antigua fe y a su culto, independientemente de tanta corriente de cristianismo sincrético. Pero también toda historia de la pequeña pero verdadera iglesia tiene que reconocer la importancia del renacimiento y la reforma. Lo que hoy existe se hizo posible, en muchos aspectos, por el mundo cambiante de los siglos XIV – XVI.
El descubrimiento del nuevo mundo, la traducción de la Biblia a los idiomas del Vulgo, el descubrimiento de la imprenta, las guerras religiosas, el renacer del conocimiento, todos estos fueron factores esenciales para lo que vendría después. El viejo mundo estaba sufriendo un verdadero cambio. Aquel día de Octubre de 1517, cuando Martín Lutero fijó sus noventa y cinco tesis en la puerta de la Iglesia de Wittenberg, Alemania, en la Alemania imperial nadie podía imaginarse lo que iba a suceder. Lutero no se proponía iniciar un nuevo movimiento religioso, simplemente estaba rechazando ciertas prácticas con las que no estaba de acuerdo. Pero intencionalmente o no dio comienzo a una revolución religiosa, y con ella al nacimiento del protestantismo.
Los Lolardos
A inicios de aquellos dinámicos siglos, un grupo llamado Lolardo ofrecen una interesante transición a partir del período Valdense. La enciclopedia de conocimientos religiosos, describe a los Valdenses así: “Secta religiosa que surgió en Alemania a inicios del siglo XIV, llamada así como muchos autores la han imaginado por Walter Lolardo, su campeón y jefe máximo; bien conocido por su elocuencia y sus escritos, quien murió en la hoguera en Kolonia, Alemania.”
Algunos historiadores piensan que Lolardo no era un apellido, sino un término de reproche aplicado a todos los herejes que ocultaban lo que se consideraba error en una apariencia de piedad.
Según esta misma enciclopedia, en el reinado de Eduardo III, alrededor del año 1315, llegó a Inglaterra Walter Lolardo, predicador alemán y uno de los pastores más eminentes, tanto en Inglaterra como en Francia. Los Valdenses llevaron por muchas generaciones el nombre de este meritorio personaje denominándose “Lolardos”.
Según la enciclopedia británica describe sobre los Lolardos: “El grupo debió ser numeroso, pero solamente se conocen de nombre, aquellos que fueron detenidos como herejes, y sus opiniones se conocen exclusivamente de sus opositores en las primeras etapas del Lolardismo. Cuando la Corte y el clero lograron que comparecieran ante los tribunales eclesiásticos, respaldado por el poder civil, los acusados se retractaban estando poco dispuestos al martirio por sus ideas. Cobraron mayor osadía a comienzos del siglo XV; en 1410 John Badby, un artesano fue condenado a la hoguera, y en su ejecución estuvo el príncipe de Gales presionándolo para que se retractara de sus convicciones.
Los Lolardos se oponían radicalmente a muchas doctrinas del cristianismo contemporáneo, rechazaban la jerarquía eclesiástica de su época, no juraban, no creían en el participar de las guerras, ni en la pena capital.
Según la enciclopedia británica, el lolardismo que se mantuvo hasta la reforma hizo mucho por forjar el movimiento en Inglaterra. La subordinación del fuero clerical al laico, la reducción del patrimonio eclesiástico, la insistencia en una versión traducida de la Biblia, que estuviera al alcance del hombre común, fue el legado que dejaron los Lolardos.
La oposición del sábado como día de reposo, comenzó a ganar terreno a mediados del siglo II de nuestra era. Para finales del Siglo IV los opositores del sábado lograron que se les tildara de judaizantes a los discípulos de Jesús guardadores del sábado. Como hemos visto anteriormente, aquellos que no aceptaban la práctica del confuso cristianismo imperante tuvieron que emigrar a las lejanas regiones, a fin de practicar sus creencias, y quedaron aislados del mundo religioso tradicional por casi mil quinientos años.
Animados por la apertura de la reforma, los sabatarianos se dieron a conocer mas en ciertas sociedades. Los cristianos sabatarianos se extendieron hacia el norte y llegaron hasta Rusia.
Según la revista judía trimestral a los sabatarianos rusos los llamaron Sobotniki, estos pertenecían a la secta rusa de los Molocani; según un cronista ruso guardaban el sábado y hacían circuncidar a sus hijos, en la segunda mitad del siglo XVIII los molocani ascendían a cinco mil personas.
Manteniendo en secreto su doctrina, evitaban ser perseguidos hasta que fueron traicionados en 1769 y tuvieron que sufrir la presión del Estado. Uno de los personajes mas sobresalientes entre este remanente guardador del sábado, entre la Europa central y oriental fue un hombre llamado Andrés Eossi. Su historia es análoga a otros personajes que ya hemos mencionado en esta serie: Policarpo, Polícrates, Constantino de Mananalis, Pedro de Bruís, Pedro de Valdo, para nombrar unos pocos.
¡Por fin Libres!
Durante los siglos IV al XVI muchos del remanente quedaron reducidos a la clandestinidad por causa de la persecución, se vieron obligados a vivir en regiones desérticas y escondites en las montañas lejanas, desde el Asia menor hasta los Balcanes, en las regiones alpinas del sur de Francia y el norte de Italia tenían que mantenerse aislados a fin de sobrevivir.
A finales de siglo XVI tocaba a su fin un período profetizado de 1260 años en el desierto. Se hacía necesario un nuevo lugar donde el Remanente Santo pudiera florecer libre de la opresión, tanto eclesiástica como estatal. Gracias a la reforma, Inglaterra se convirtió en un lugar propicio para preservar los discípulos de Jesús.
En los albores del siglo XVII comenzaron a debatirse los temas religiosos. La controversia del sábado como día de reposo comenzó en Inglaterra a finales del siglo XVI y aunque despertaba hostilidad en la Iglesia oficial, el tema del sábado estaba planteándose ante los máximos gobernantes de la nación. La minúscula Iglesia de Dios había salido de su escondite, pero para comenzar su obra en la sociedad tendría que pasar por grandes dificultades. Para finales de ese siglo, se dice que había en varias partes de Inglaterra once congregaciones que guardaban el sábado, así como muchos fieles dispersos. Sin embargo en el decenio de 1660 se produjo una nueva ola de persecución como tantas otras que ha habido en la historia de la Iglesia.
En Octubre de 1661 el predicador John James fue acusado de hablar palabra de traición contra el rey y se le condenó a la horca con la orden descuartizar su cuerpo. Después de su muerte colgaron sus miembros en las puertas de la ciudad donde se encontraba la casa en la cual se celebraban las reuniones. La muerte de James despertó terror en quienes guardaban el sábado como día de reposo en Inglaterra. En ese momento se promulgaban leyes según las cuales era ilícito celebrar reuniones religiosas en el día sábado. Para algunos sabatarianos quedaba una sola opción, tendrían que abandonar Inglaterra para poder mantenerse en la verdad que había sido su característica. ¿Pero a donde podrían dirigirse? ¿Dónde encontrarían tolerancia religiosa en el mundo del siglo XVII?
En 1631 un hombre llamado Roger William llegó a la Bahía de Massachussets, en Norteamérica. En 1636 este hombre formó en Rhod Island una nueva comunidad donde se permitía la perfecta libertad en asuntos de fé. Fue a este pequeño pero fértil campo de libertad religiosa, donde en 1664 llegó un representante de las Iglesias sabatarianas que se encontraban tan asediadas en Inglaterra.
Los Sabatarianos llegan al Continente Americano
Alrededor del año 660 en Inglaterra hubo dos nuevos conversos que comenzaron a guardar el sábado, Stephen Munford y Anna Munford. Según los registros, los Munford fueron los primeros sabatarianos que llegaron al continente americano, al lugar de Newport Rhod Island en el año de 1665. En este lugar solo existían dos iglesias: La Cuáquera y la Bautista. Los Munford se reunían con los Bautistas de Newport, pero seguían guardando el sábado en su casa. Unos años después, nueve miembros de la Iglesia bautista comenzaron a guardar el sábado, cuatro de esos miembros regresaron al culto dominical y el resto de grupos de sabatarianos se apartó de la Iglesia Bautista.
En la Iglesia Bautista de Newport hay registros sobre aquellos que estuvieron dispuestos a dejarse aislar de sus semejantes por causa de guardar la totalidad del decálogo. En diciembre de 1671 siete personas celebraron un pacto según el cual formaban una iglesia nueva en suelo americano. La vieja casa donde se reunían en Newport tiene una placa que se fijó a este suceso y que reza de la siguiente manera:
William Hiscox se convirtió en el primer ministro de la nueva iglesia, la cual optó por no escoger un nombre oficial. Según los registros de viejas actas aparecía con el nombre de Iglesia de Dios o Iglesia de Jesucristo que guarda los mandamientos.
Los registros mas viejos sobre la historia de esta Iglesia datan desde 1692, para entonces la iglesia sabatariana de Newport tenían cuarenta miembros.
Guerras y Nuevas Fronteras
Inició para la Iglesia un período de expansión que duraría todo el siglo XVIII y hasta entrado el siglo XIX. Los documentos de estas primeras congregaciones de sabatarianos son identificados con el nombre de Iglesia de Dios. Hacia finales del siglo XVIII se establecieron mas Iglesias en Connecticut, Rhod Island, para 1780 se extendió hasta la población de Berlín y New York.
Para finales del siglo XVIII había 1769 miembros de todas las iglesias sabatarianas en las regiones mencionadas, se calcula que el total de sus miembros incluyendo niños superaba a los siete mil. Aunque fue un período de crecimiento, la guerra de independencia en Estados Unidos causó gran dolor a estas Iglesias. Muchos miembros sinceros se vieron obligados a arriesgar su vida por los principios que profesaban.
Ante la clara enseñanza de Cristo “Que su reino no era de este mundo” no podían empuñar las armas, y las congregaciones en general pagaron muy caro por ello.
La Iglesia Recibe nuevas Fuerzas
En 1831 el mundo entraba en plena expansión y modernización, un próspero agricultor llamado William Miller, convencido que Jesucristo había prometido regresar, predicó con vigor la segunda venida de Cristo. Él creyó que ocurriría en 1844, su cautivante oratoria hizo que millares abandonaran sus sectas, persuadidos que se acercaba el fin.
La Fecha que él predijo pasó y quedó relegada a la historia sin que Cristo hubiese regresado. La decepción produjo que la mayoría de los creyentes cayeran en el desánimo. Alrededor de 1845 muchos de los que escucharon a Miller y creyeron en el regreso de Jesucristo comenzaron a guardar el sábado y se denominaron a si mismos como la Iglesia de Dios. Estos comprendieron que el Señor Miller se había equivocado al fijar fechas, y que el año de 1844 carecía de significado profético. Mientras tanto una joven señora de nombre Elena G. De White, comenzó a influir en muchos sabatarianos del movimiento adventista. Gran parte de los seguidores de Miller comenzaron a aceptar las visiones de ella como inspiración de Dios, y fue así como surgieron los Adventistas del Séptimo día que esperaban la segunda venida de Cristo.
Una minoría que se llamó la Iglesia de Dios se negó a creer que estas visiones eran revelaciones divinas.
Dos años más tarde la Iglesia de Dios estableció formalmente su sede nacional en la ciudad de Stamberry, Missouri. Los sabatarianos que rechazaron las visiones de la señora White empezaron a unificarse en torno a la publicación llamada “LA ESPERANZA DE ISRAEL” que fue fundada en Michigan por unas congregaciones encabezadas por Hilbert Crammer, dirigente del grupo que luego se convertiría en la Iglesia de Dios. A comienzos del siglo XX, esta publicación cambió su nombre por el de “El abogado de la Biblia”
Con el transcurso del tiempo surgió un mayor sentido de unidad organizacional y se formó en 1884 la Conferencia General de la Iglesia de Dios, que se integró principalmente por miembros de los estados de Missouri, Michigan, e Iowa. En sus estatutos se declaró la necesidad de lograr la unidad de acción y de credo, de modo que fuesen una misma mente y un mismo espíritu. A principios del siglo XX había conferencias estatales en Dakota del Sur, Oregon, y Lousiana.
El proceso de unificación de la Iglesia se hizo extensivo a la doctrina. En 1917 El Abogado de la Biblia publicó las enseñanzas oficiales de la Iglesia de Dios, recopiladas bajo la autoría de Andrew N. Dugger. En 1931 el descontento con el liderazgo del Señor Dugger dividió la Iglesia de Dios.
La Iglesia de Dios en Centro América
Conozcamos ahora un poco de la historia de la Iglesia en Honduras y el resto de Centro América.
Hasta aquí hemos considerado que la Iglesia ha sido un pueblo perseguido, que no ha dejado registros escritos de su historia, seguramente los perdió en ese devenir de persecuciones.
Con el propósito de colaborar con el fortalecimiento de nuestra identidad religiosa es necesario, que nos esforcemos por recopilar hasta donde sea posible los datos sobre nuestra historia como parte del remanente del pueblo de Dios. Para heredarlos a las siguientes generaciones, dejando en ellas la inquietud, no solo de registrar la historia de su tiempo, sino, de valerse de los medios que la tecnología actual les provee para rastrear hasta donde sean posibles nuestros orígenes como Iglesia heredera de la doctrina apostólica.
Veamos entonces como llegó esta doctrina que hoy tenemos a la región de Centro América:
En 1950 el hermano Pablo Larios, de origen mexicano, comerciante en la rama del calzado, viajó a Guatemala donde conoció al hermano Job Leiva quien se dedicaba a la industria de la zapatería. El hermano Larios adoctrinó a Leiva y lo llevó a México donde lo prepararon y lo bautizaron.
El hermano Job Leiva conoció en México al hermano Antonio Vega Serafín y le convenció de viajar a Guatemala e iniciar una obra en ese país. El hermano Vega viajó sin el apoyo ni el visto bueno de la Iglesia de Dios en México. Vega y Leiva iniciaron la obra en Guatemala. De 1950 a 1970 la Iglesia en Guatemala tuvo un fecundo crecimiento que llegó a convertirse en la mayordomía general para el resto de las Iglesias en Centro América. La doctrina se difundió por todo el país de Guatemala y llegó a contar con una membresía aproximadamente de 1500 miembros. Una de sus herramientas de Evangelismo fue un programa radial que tenía el nombre de “Enseñanzas del Israel de Dios”, con cobertura en toda la República de Guatemala, parte del Salvador y Honduras.
La Iglesia en la República del Salvador
Se estableció en 1955 apoyada por los hermanos Desiderio Martinez y Antonio Vega. También colaboraron en el crecimiento de esta obra en sus inicios los hermanos Domingo Bueso, Olivio Albisuris y Andrés García.
La obra en El Salvador tuvo su crecimiento importante, llegó a convertirse en la segunda fuerza de la Iglesia en Centro América.
La Iglesia en Costa Rica
Entre 1960 y 1965 se estableció la Iglesia de Dios en Costa Rica a cargo del hermano Marco Tulio Pérez, que fue enviado desde el Salvador. El desarrollo de la obra en este país ha sido insipiente, esta Iglesia ha tenido presencia únicamente en dos ciudades: San José y Alajuela, con unos cincuenta miembros. Por la década de los 80’s, La Conferencia General de la Iglesia de Dios en México, liderada por los ministros Carlos García Becerril, Alberto Garcia Berril, Rubén García y Gonzáles, organizaron otra Iglesia de Dios en Costa Rica, actualmente tiene su sede en el barrio Bajo Piuces. Actualmente tienen como ministros: a Juan Urbina, Salvador Lémus y Herman Jarquín. Es una Iglesia como de cuarenta miembros.
La Iglesia en Nicaragua
Esta Iglesia se estableció por el año 1965 con la familia Picón. El primer misionero fue enviado de Guatemala, se llamaba Ernesto Barahona. La guerra del sandinismo casi aniquiló esta Iglesia, pero logró sobrevivir en el barrio Tanque Rojo de Managua. Por los años 1995 el hermano Carlos García viajó de México y organizó otra Iglesia con algunos hermanos que habían quedado desintegrados. Actualmente la Iglesia en Nicaragua es muy pequeña, formada por grupos en Managua y Masaya.
La Iglesia en Honduras
I Etapa
En 1930 vino a Tegucigalpa una familia de origen Judío-Alemán de apellido Travell, ellos celebraban cultos en la ciudad de Comayagüela, en la esquina opuesta al Instituto Hibueras, donde hoy funciona la farmacia Normal. Se cree que esta familia llegó a Honduras en vías de negocio e integrada por diez personas. Esta Iglesia desapareció durante la segunda guerra mundial, se creer que los Travell emigraron del país con unos hermanos convertidos. El hermano Victor López Domínguez, quien ya duerme en el Señor daba testimonio de haber conocido a este grupo de hermanos, y que sus principios doctrinales reflejaban que era el credo de la Iglesia de Dios.
II Etapa
Entre 1946 y 1947 llegó el misionero Nicolás Mazur Lososky, de origen Ruso – Armenio, este hermano se preparó en la Iglesia de Dios en México, teniendo la sede en Río Blanco, D.F. Su preparación fue con el fin de viajar a la República oriental de Uruguay donde se encontraba su familia, y muchos rusos armenios.
Nunca se supo porque Nicolas Mazur llegó a Honduras y se detuvo un tiempo trabajando como mecánico de aviación en la compañía aérea Taca.
Permaneció en Honduras aproximadamente un año; durante este tiempo visito la Iglesia Adventista que se encontraba ubicada en el barrio Finlay de Tegucigalpa. Fue así como evangelizó a varias personas, de las cuales se convirtieron a nuestra fe alrededor de 25 almas. Este grupo comenzó a reunirse en Comayagüela, en la esquina opuesta al mercado Mama Chepa. Hasta esta fecha (01/Diciembre/2009) la casa donde la Iglesia comenzó a reunirse todavía existe. Cuando el hermano Nicolas Mazur se marchó de Honduras rumbo al Uruguay no quedaba ningún miembro bautizado.
En 1948 vino a Honduras por recomendaciones del hermano Nicolas Mazur el hermano Roman R. Saenz de la Iglesia de Dios en Laredo, Texas. Durante su permanencia en Honduras bautizó a ocho personas, entre las cuales se encontraban los hermanos José Irene Martínez, Simeón Vásquez y la hermana Santos Doiminguez. Estos últimos son los padres del Ministro Nelson Vásquez Domínguez, y el hermano Roman R. Saenz, bautizó a tres familias más.
De aquel pequeño grupo sobrevive a la fecha la hermana Agustina Trochez, quien solo figuraba como simpatizante, ella fue bautizada posteriormente por el ministro Antonio Vega.
Después de bautizar los ocho miembros de la incipiente iglesia, el hermano Saenz regresó a Laredo Texas, donde falleció en un accidente, quedando la Iglesia incomunicada a lo largo de siete años, desde 1948 a 1955. Alumbrando solo como un pávilo humeante bajo la dirección del hermano José Irene Martínez.
III Etapa
En 1955, el hermano José Antonio Vega vino a Honduras a buscar la pequeña Iglesia, de la cual medio se conocía su existencia. De aquí en adelante la Iglesia de Dios de Guatemala apoyó a la Iglesia de Honduras desde 1957 – 1975. Envió hermanos, entre los que se destacan: Otto Mois, Desiderio Martínez, Job Leiva, Andrés Leiva, Mario Gaitán, Esteban García y Basilio Nimatuj.
IV Etapa
A partir de 1975 por controversias administrativas, no doctrinales, la Iglesia en Honduras vivió una serie de situaciones difíciles que la llevaron a fraccionarse en varios grupos. Fue una especie de persecución del enemigo contra la Iglesia para debilitarla. Pero en medio de esa debilidad, siempre la Iglesia se dedicó a extender la obra en el país y hoy se ve la doctrina regada cual semilla a lo largo y ancho de nuestra tierra. Por causa de estas fragmentaciones nosotros adoptamos el nombre de Esperanza de Israel para evitar tener problemas de identificación con la Iglesia de Dios del Séptimo Día. Se tomó este nombre en honor a la Historia de nuestros ancestros, pues ya mencionamos que los sabatarianos de Stamberry, Missouri, por los años 1840 – 1850 fundaron un periódico llamado “La Esperanza de Israel” financiado por las Iglesias de Michigan, encabezado por Gilbert Crammer. Pocos sabemos en la actualidad sobre la situación de la Iglesia en América, Europa y Asia, pero mediante la Internet manejamos algunos contactos con las Iglesias de Dios en Portugal a cargo del ministro Paulo Cohelo, Brasil, y correspondencia por el correo regular con las Iglesias del Uruguay, a cargo del ministro Juan Ribak, en Oberá; mantenemos relaciones espirituales muy estrechas con las Iglesias de Dios de la República Mexicana.
Nuestra esperanza es llegar a mantener comunicación fluida con todas las Iglesias de Dios en el mundo, aprovechando hoy la tecnología; si en los grandes consorcios económicos la tendencia es unirse para fortalecerse, la Iglesia de Dios debe hacer lo mismo para darle mayor impulso a la obra en los últimos tiempos.
Debilidades de la Iglesia
Una de las grandes debilidades de la Iglesia en la actualidad es la falta de un verdadero liderazgo en el aspecto administrativo y social que sea capaz de unificarla para el fortalecimiento y expansión de la obra.
Oremos porque Dios despierte en su Iglesia un espíritu misionero que nos impulse a buscar a nuestros hermanos dispersos en diferentes lugares, a lo largo y ancho del mundo, utilizando todos los medios que en la actualidad Dios ha puesto a nuestro alcance, para anunciar las buenas nuevas de Jesucristo, cumpliendo así los propósitos por los cuales Jesús organizó su Iglesia en esta tierra.
Oremos porque Dios despierte un ferviente deseo por el estudio de las Sagradas Escrituras, imitando a los heroicos Valdenses, a fin de preservar incólume en este presente siglo la verdad de Dios, nuestra herencia apostólica que ha costado la sangre de los mártires a lo largo de toda la historia de este remanente.
Hoy es tiempo propicio para reflexionar sobre nuestra participación en el cumplimiento de la comisión dada a la Iglesia, de renovar nuestro compromiso ante Dios y aceptar el reto que tanto a manera personal y como Iglesia estamos enfrentando.
Imitemos a los Lolardos en su amor por las Sagradas Escrituras, lo cual les permitió preservar esta verdad en tiempos azarosos, y que los convirtió en la luz que brilló en medio de las tinieblas.
También oremos por que Dios despierte en medio de su pueblo alrededor del mundo el deseo de pastoreo y cuidado amoroso los unos por los otros, que la Iglesia pueda recuperar su primer amor, perdido por la separación y la indiferencia de tantos años para que el amor de Cristo brille en su Iglesia y el mundo pueda identificarnos como sus discípulos y se cumplan sus palabras “En esto conocerán que sois mis discípulos: En que os améis los unos a los otros… para que el mundo crea que tu me enviaste” Esperamos que después de haber leído este documento Dios haya tocado su corazón, haciéndolo entender que la Iglesia a la que usted pertenece no es un grupo más surgido por el movimiento protestante de Martín Lutero, nuestra fe es mucho mas antigua, y es como un tesoro escondido.
La Iglesia de Jesucristo No puede morir, porque está edificada sobre el Cristo Viviente.
“Para que lo sepa la generación venidera, y los hijos se los cuenten a sus hijos.”



