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PostHeaderIcon El Porque de la Profecia

Sabía usted que una tercera parte del contenido del libro de Dios es profecía? ¿Por qué fue escrita la profecía? ¿A qué se debe tanto misterio que la rodea? ¿Por qué son tan pocos los que la comprenden?

“Tenemos la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos, como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca, y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones” 2 Pedro 1:19

La Profecía sustenta la fe, da seguridad, por que a través de ella Dios nos revela los acontecimientos futuros, y por ese medio el pueblo se ubica, e identifica los tiempos que se están viviendo, y como leemos en el verso ya citado “es como una antorcha que nos va alumbrando este lóbrego camino, el cual tenemos que transitar”

¿Qué es la Profecía?
El vocablo hebreo para profeta es “Nabi” que quiere decir “uno que proclama o trae un mensaje de Dios” en castellano profeta significa prácticamente lo mismo, es decir: alguien que se expresa por inspiración divina como el intérprete o vocero de Dios, bien se ha dicho “mensaje de deber y advertencia”, o la predicción de futuros acontecimientos. Un profeta es alguien que habla por o en el lugar de Dios. De allí, el prefijo “pro” de donde viene la palabra profeta, de origen griego que significa “en nombre de” y también, “que antecede”. De modo que un profeta es alguien que habla en nombre de Dios, uno que habla antes, es decir, que predice, que anticipa las cosas, que profetiza.

Hay muchos que suponen, sin razón, que todas las profecías son simplemente anuncios tétricos de acontecimientos catastróficos, permitidos por un Dios severo que esta por descender con furia terrible sobre sus pobres súbditos aquí en la tierra. Esto está muy lejos de la verdad, también hay muchas profecías que hablan de paz y felicidad venideras. Predicen un tiempo de restauración, de gozo, de gran prosperidad y riqueza material para los que obedecen a Dios.

Un buen número de profecías predice algunos acontecimientos que hemos de presenciar: como el resurgimiento y caída de naciones y reinos, curso que han de seguir los acontecimientos mundiales, etc.

Las profecías son la crónica del plan maestro que Dios está llevando a cabo aquí en la tierra.


El Apóstol Pedro escribió que: “ninguna profecía vino jamás por voluntad humana, sino que los Santos hombres de Dios hablaron inspirados por el Espíritu Santo” 2 Pedro 1:21.

Los verdaderos profetas de Dios no escribieron en base a sus mezquinos intereses, muchas profecías fueron escritas contra su pueblo, contra su tierra y esto les trajo problemas y a algunos hasta la propia muerte.
Por otro lado también existieron falsos profetas y escribieron sus profecías y los pueblos le han puesto mucha más atención a ellos que a los presagios de los verdaderos videntes. Por ejemplo: a Jeremías le tocó luchar contra estos fraudulentos pronosticadores y Dios dice a través de Jeremías: “He oído lo que esos profetas dijeron. Hablaron mentira en mí nombre diciendo: soñé, soñé ¿hasta cuando seguirá esto en el corazón de los profetas que profetizan mentiras, que profetizan el engaño de su corazón? Con sus sueños que se cuentan unos a otros, procuran que mi pueblo olvide mi nombre, así como sus padres lo olvidaron por Baal. El profeta que tenga un sueño, cuente su sueño y el que reciba mi palabra, cuente mi palabra verdadera. ¿Qué tiene que ver la paja con el trigo? Dice el Señor ¿No es mi palabra como fuego, y como martillo que quebranta la piedra? Dice el Eterno” Jeremías 23:25-29.

Claramente nos dice el Señor que el “profeta que tuviere un sueño”, pues que cuente su sueño, pero aquel a quien fuere su Palabra debe de contarla verdaderamente sin quitarle ni agregarle. Dios compara su Palabra verdadera como trigo y a los sueños de los falsos profetas simplemente como basura, como la paja que sale del trigo ¿A quien le creerá usted? ¿Al trigo o a la basurilla que aparece de los sueños e imaginaciones humanas? No confiemos en los simples sueños humanos, los cuales son inconsistentes, Dios puso una inconfundible señal para que el pueblo pudiera saber cuando una profecía era de Dios y cuando era un invento humano, abra su propia Biblia y juntos leamos “Y si preguntan: ¿Cómo conoceremos la palabra que el Señor no hubiera hablado? Si lo que el profeta habla en nombre del Señor, no se cumple, es palabra que el Señor no habló. Con soberbia la dijo a aquel profeta. No tengas temor de él”. Deuteronomio 18: 21-22

En todos los tiempos se han levantado presuntuosos profetas diciendo que el Señor ha dicho, y hoy más que nunca, cualquiera se denomina “profeta” y hasta en sus hojas de vida registran esto como una profesión, pero el cumplimiento de sus presagios ha sido lo contrario, No tengáis temor de ellos dice el Eterno.

Al profeta Jeremías le tocó vivir un tiempo de confrontación con los falsos profetas que como abrojos y espinas brotaron por las calles de Jerusalén. La profecía de Jeremías, la cual venía de parte de Dios, era que Jerusalén sería destruida por el mal comportamiento y que serían llevados cautivos por setenta años a Babilonia y que las tropas de Babilonia destruirían el Templo y se llevarían los vasos sagrados, por supuesto que esta profecía era fuerte, golpeaba los oídos de los judíos y no querían escucharla; al mismo tiempo se levantó un profeta falso llamado Ananías que supuestamente predicaba en el nombre del Señor, lo contrario del duro presagio de Jeremías, el falso profeta Ananías les hablaba de prosperidad, de paz y bonanza para Jerusalén y que entre dos años los vasos sagrados del templo serían devueltos por los babilonios. Jeremías 28.

Muchos profetas se han levantado presentando ruidosas profecías y que a la postre no se cumplieron, y al calor de estas profecías surgieron organizaciones poderosas que van y vienen por el mundo como la que vaticinó Don Guillermo Miller, donde aglutinó muchas personas enseñando que Jesucristo vendría en 1844, aparentemente fue un buen despertar religioso y un movimiento de Dios, pero el dicho de este profeta no se cumplió, entonces tuvieron que remendar la profecía y enseñar que lo que sucedió fue que Jesús pasó del lugar Santo al santísimo. Otros presuntuosos se levantaron enseñando que Cristo vendría en 1914 e hicieron gran bulla pero a la postre no vino, entonces inventaron que Jesucristo había venido pero en espíritu y por eso nadie lo vio “Ante todo, sabed que ninguna profecía de la Escritura vino por una interpretación privada” 2 Pedro 1:20. No es válido interpretar una profecía conforme a la antojadiza exégesis humana, eso da pie a tantas confusiones, enredos y herejías de perdiciones.

La exacta interpretación de la profecía solamente se da cuando los estudiantes de las Escrituras se someten sumisa e incondicionalmente a lo escrito por los profetas, sin forzarla, esa es la regla que el apóstol Pablo nos presenta, regla que él mismo cumplió y cumplieron también todos los hombres de Dios “Que los profetas hablen, dos o tres, y los demás juzguen. Y si otro que está sentado, recibe alguna revelación, calle el primero. Por que podéis profetizar todos, uno por uno, para que todos aprendan y todos sean exhortados, y los espíritus de los profetas estén sujetos a los profetas; por que Dios no es Dios de confusión, sino de paz” 1 Corintios 14:29-33.

Allí hay revelación de la palabra pero también hay sujeción a los profetas, por que toda profecía debe de ser interpretada en base a lo escrito por los profetas anteriores; es que esto no es de interpretación privada, nadie deberá entenderlo como quiera o le parezca mejor, el esquema está trazado y si alguien lo interpreta conforme a su razonamiento eso se convierte en una falsa profecía y después tiene que recurrir a los remiendos, eso significa torcer y forzar la Escritura y esto lo practican continuamente los indoctos e inconstantes. El apóstol Pedro los señala fuertemente y empieza diciéndonos así: “Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ella de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras escrituras, para su propia perdición” 2 Pedro 3:15-16.

Así sucedió con las falsas profecías, que ya señalamos fallaron en el cálculo y tuvieron que inventarse otro error para cubrir el primero, como los que indoctamente profetizaron que Cristo vendría en 1844, y al no ser esto un presagio de Dios, tuvieron que inventarse otra mentira, ahora enseñan que Cristo pasó en esa fecha del lugar Santo al Santísimo. Eso le sucedió y les acontece a muchos por pretender creer más de lo que está escrito, por ello el apóstol Pablo nos dejó dicho: “Esto, hermanos, lo he aplicado a Apolo y a mi, para vuestro beneficio, para que aprendáis de nosotros a no ir mas allá de lo que está escrito, para que ninguno se apasione contra el otro” 1 Corintios 4:6
El apóstol Pablo, cuando reveló las grandes profecías siempre usaba este término “como está escrito” por ejemplo, cuando le explicó a los romanos el misterio del endurecimiento y la restitución del pueblo de Israel a la gracia de Dios, el apóstol escribió así: “Hermanos, para que no presumáis de sabios, quiero que entendáis este misterio: el endurecimiento vino a una parte de Israel, hasta que haya llegado la plenitud de los gentiles. Y así todo Israel será salvo, como está escrito, vendrá de Sión el libertador” Romanos 11:25-26. Pablo está citando la profecía de Isaías que se encuentra registrada en el capítulo 59 y versos 20 y 21, él se basó en algo ya escrito. El apóstol está enseñando una profecía, pero sujetándose al escrito de los profetas, en este caso a Isaías. Y esta es la gran llave maestra para abrir la puerta y acceder correctamente a los presagios de Dios.

Otro gran ejemplo lo tenemos en las profecías que el profeta Daniel escribió, él lo hizo basándose en los escritos del profeta Jeremías  “En el primer año de Darío, hijo de Asuero, de la raza de los medos, que llegó a ser rey de los caldeos. En el primer año de su reinado, Yo, Daniel entendí por la escritura, por la palabra del Señor al profeta Jeremías, que la asolación de Jerusalén había de concluir en setenta años. Entonces volví mi rostro al Señor Dios, y lo busqué en oración y ruego, en ayuno, silicio y ceniza” Daniel 9:1-3. Al entender el profeta Daniel las profecías de Jeremías ve que los setenta años de cautividad se están cumpliendo, entonces él busca afanosamente la continuación de aquella profecía y es así como Dios le reveló a través de un ángel, muchas cosas sorprendentes que en su tiempo quedaron vedadas, y fueron entendidas hasta cuando Cristo Jesús vino y dio el permiso de entenderlas; claramente leemos: “Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel, el que lee entienda” Mateo 24: 25
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Muchas profecías no fueron entendidas ni por los mismos escritores, por que no era el momento, y ellos tampoco se atrevieron a explicarlas, dándoles alguna privada interpretación, “Y yo oí, pero no entendí. Y pregunté: Señor mío ¿Cuál será el fin de estas cosas? Él respondió: anda, Daniel estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin” Daniel 12:8-9. Esto quiere decir que mientras el tiempo para entenderlas no llega, nadie podrá interpretarlas con el espíritu que fueron escritas. El Apóstol Pedro agregó: “Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando que persona y que tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos. A estos se les reveló no para si mismos, si no para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del Cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles”1Pedro 1:10-12.

Pero para entender las profecías del Señor se necesita algo mas que simplemente leer sus Santos Escritos, esa lectura debe ir acompañada de la revelación divina “Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os de espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento para que sepáis cual es la esperanza a que Él os ha llamado, y cuales las riquezas de la gloria de su herencia en los Santos” Efesios 1:15-18.

Solamente mediante la revelación de Dios el hombre puede entender los escritos de los profetas, por ello el Maestro Jesús dijo “el que lea entienda” hay muchos que han leído, pero sin tener la revelación de Dios, por eso han interpretado las profecías con su propia manera de ver las cosas, Dios dice a través de uno de sus profetas que algunos iban a leer la palabra pero no la iban a poder entender “Deteneos y maravillaos; ofuscaos y cegaos; embriagaos, y no de vino; tambalead y no de sidra. Por que el Señor derramó sobre vosotros espíritu de sueño y cerró los ojos de vuestros profetas, y puso velo sobre las cabezas de vuestros videntes. Y os será toda visión como palabras de libro sellado, el cual si dieren al que sabe leer, y le dijeren: lee ahora esto; él dirá: no puedo, por que está sellado. Y si diere el libro al que no sabe leer, diciéndole: lee ahora esto; él dirá: no se leer” Isaías 29:9 -12

El profeta no está aludiendo a gente inculta que no puede leer, antes bien dice, que Dios cerró los ojos de vuestros profetas y puso velo sobre los videntes, esa es exactamente la situación del mundo religioso, leen y leen las Sagradas Escrituras y al fin de cuentas no leen nada, por que para ellos el libro está cerrado y sellado.

¿Cuántos no son egresados de esta o de aquella universidad, y sacaron doctorados en Teología y nunca han podido encontrar que el domingo no es el día del Señor sino el sábado? No saben que ni siquiera se encuentra la palabra domingo dentro de las Sagradas Escrituras. No les ha sido revelado que el número siete en la doctrina de Dios es un número completo y que por eso el Eterno no bendijo a ningún otro día de la semana “Y bendijo Dios al día séptimo y lo santificó por que en el reposó de toda la obra que había hecho en la creación” Génesis 2:3 Pero para entender y creer que Dios no bendijo los siete días de la semana sino solo el séptimo día, el hombre necesita revelación de Dios “Es que el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu, (escribió Pablo) por que para él son locura, y no las puede entender por que se han de discernir espiritualmente” 1 Corintios 2:14 Esto es simplemente una muestra de lo rudo que es el hombre como dijo el profeta Agur, el que se consideraba más rudo que ninguno, lógicamente cuando no hay revelación.

Dios también esconde sus misterios cuando el hombre quiere entrar a su Santo Libro con prepotencia y altanería; es que aquí no valen los doctorados honoris causa “en aquel tiempo, respondió Jesús, dijo: te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por que escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños” Mateo 11:25

A los supuestos sabios del Sanedrín hebreo, y a los grandes exégetas de los fariseos y saduceos, el Dios les cerró los libros y se los selló, en otras palabras, les quitó el espíritu de revelación y le abrió los libros a los niños, a los pequeños, a los laicos, a los pescadores de Capernaum, a Pedro, Andrés, Jacobo, y a cuantos más se acercaban al Maestro diciéndole: dinos ¿cuando serán estas cosas? ¿Que señal habrá de tu venida? ¿Y del fin del mundo?

Las profecías son sumamente importantes para entender por anticipado los acontecimientos que se irán dando en el mundo. Con toda razón Pablo le dice a los Corintios “Seguid el amor y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis” 1 Corintios 14:1 Profetizar es desentrañar los misterios de las Sagradas Escrituras para edificar al pueblo, como dice el mismo Pablo: “El que profetiza edifica a la Iglesia” 1 Corintios 14:4

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