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PostHeaderIcon El Evangelio en Samaria

A manera de introducción diremos, que el Doctor Lucas fue el hombre quien escribió los relatos históricos de la Iglesia de Jesucristo en la primeras décadas. Lucas, médico de profesión, de origen griego, hombre altamente educado y compañero de Pablo en los viajes misioneros, escribe el libro de los Hechos y uno de los cuatro evangelios a un hombre importante de aquella época llamado “Teófilo”
En el prefacio del libro de los Hechos, el médico Lucas dice “En el primer relato escribí, OH Teófilo, acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido” Hechos 1: 1 y 2

Lucas narra las últimas instrucciones que el Señor dio a sus apóstoles en el monte de las olivas, exactamente en la aldea de Betania de donde se despidió “y vosotros sois testigos de estas cosas, y he aquí yo enviaré el cumplimiento de la promesa de mi Padre sobre vosotros. Pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos del poder de lo alto. Entonces Él los llevó fuera hasta Betania, y alzando sus manos les bendijo. Aconteció que al bendecirlos, se fue de ellos, y era llevado arriba al cielo” Lucas 24: 48 – 50

Justamente de ese lugar ascendió al cielo
y allí les dio las últimas instrucciones “Pero recibiréis poder, cuando el espíritu Santo halla venido sobre vosotros, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” Hechos 1:8

Los apóstoles cumpliendo con la orden se quedaron en Jerusalén, y en el día de Pentecostés el espíritu Santo descendió sobre ellos, y con esa fuerza renovadora empezaron la predicación masivamente del evangelio pero solamente en Jerusalén, pues la orden era primero en esa ciudad, después toda la provincia de Judea y el tercer lugar que tenían que evangelizar era la provincia de Samaria.

¿Cómo llegó el evangelio a Samaria?

De seguro que los apóstoles al principio no estarían dispuestos a visitar Samaria, porque era un lugar donde ellos no eran bien recibidos. Dice la palabra que cuando Jesús visitó Samaria, llegó a una ciudad llamada Sicar como a eso de las doce del día “Dejó Judea y se fue otra vez a Galilea, así que llegó a una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca del campo que Jacob había dado a su hijo José. Estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era como la hora sexta. Vino una mujer de Samaria para sacar agua, Jesús le dijo: dame de beber. Pues los discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer, entonces la samaritana le dijo: ¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides a mí de beber, siendo yo una mujer samaritana? Por que los judíos no se tratan con los samaritanos” Juan 4: 3 – 8
Samaria, es una región situada en el norte de la margen occidental del río Jordán. El nombre de "Samaria" deriva de una antigua ciudad bíblica del mismo nombre, situada en una colina al noroeste de Siquem, que se encuentra cerca del centro de Samaria, y fue la capital del Reino de Israel. Fue fundada por el sexto Rey de Israel, Omri, que reinó entre 876-869 AC, quien la convirtió en la capital de su reino.
Omri compró el monte de Samaria a Shemer de donde procede la etimología de su nombre y edificó allí la nueva capital de Israel. (1 Reyes 16:24). Esto fue después de que el reino de Israel se dividió. Los samaritanos y los judíos tenían lazos de consanguinidad pero religiosamente no comulgaban. Esta pared de separación les ha de haber costado botarla a los cristianos para poder ir a anunciarles las buenas nuevas a los samaritanos.
Fue necesario que en Jerusalén se levantara una tremenda persecución contra la Iglesia de Jesucristo y en esta persecución murió un prominente hombre llamado Esteban “Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puesto los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: he aquí veo los cielos abiertos, y al hijo del hombre que está a la diestra de Dios. Entonces ellos dando grandes voces, se taparon los oídos y arremetieron contra él, y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo” Hechos 7:55 – 58 Esto sucedió como unos tres años y medio después que Jesucristo había ascendido al cielo, los judíos aquí prácticamente estaban sellando su suerte, la septuaginta semana profética llegó a su final. En este hecho tan triste participó Saulo, el que más tarde se llamó Pablo, quien varios años después se convirtió en el Paladín del evangelio “Y Saulo consentía en su muerte. En aquél día hubo una gran persecución contra la Iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. Y hombres piadosos llevaron a enterrar a Esteban e hicieron gran llanto sobre él. Y Saulo asolaba la Iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y mujeres, y los entregaba en la cárcel” Hechos 8: 1 – 3

“Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio. Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía, por que de muchos que tenían espíritus inmundos, salían estos dando voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados; así que había gran gozo en aquella ciudad” Hechos 8: 4 – 8  este  Felipe  mencionado en la evangelización  de  Samaria fue uno de los siete ministros que eligieron para atender el ministerio  de las viudas pobres en la iglesia de  Jerusalén. “En aquellos días, creciendo el número de los discípulos, se suscitó una murmuración de parte de los griegos contra los hebreos, de que sus viudas eran menospreciadas en la distribución diaria. Así que los doce convocaron a la multitud de los discípulos y dijeron: No conviene que nosotros descuidemos la  Palabra de Dios  para servir a las mesas. Escoged pues, hermanos, de entre vosotros a siete hombres que sean de buen testimonio, llenos de Espíritu  Santo y de sabiduría a quienes pongamos en esta obra… Esta propuesta agradó a la multitud. Y eligieron a Esteban, varón lleno de fé y del Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás prosélito de Antioquia”  Hechos 6: 1 al 5.
Así que al darse la persecución en Jerusalén los discípulos fueron empujados por este vendaval de problemas y unos se refugiaron en  Samaria. Felipe fue el instrumento usado  por el Eterno para cumplir con esta misión. Dios tenía mucho pueblo entre los samaritanos a juzgar por el impacto que tuvo el mensaje que dio Felipe, dice Lucas en su narración que “Cuando la gente oía y veía las señales que hacía Felipe escuchaba atentamente y de común acuerdo lo que Felipe decía” Hechos 8:6

La Religión de Samaria

Los samaritanos en tiempo de los apóstoles eran una raza mezclada, y por eso los judíos no tenían relaciones con ellos. Cuando el reino de Samaria cayó en mano de los asirios “El Rey de Asiria trajo gente de Babilonia, de Cuta, de Ava, de Hamat y de Sefarvain, y los puso en las ciudades de Samaria, en lugar de los hijos de Israel; y poseyeron a Samaria, y habitaron en sus ciudades. Y aconteció al principio, cuando comenzaron a habitar allí, que no temiendo ellos al Eterno, envió contra ellos Leones que los mataban… Y el rey de Asiria mandó, diciendo: Llevad allí a algunos de los sacerdotes que trajiste de allá, y vaya y habite allí, y les enseñe la ley del Dios del país… Pero cada nación se hizo sus dioses, y los pusieron en los templos de los lugares altos que habían hecho los de Samaria… Temían al Eterno, e hicieron del bajo pueblo sacerdotes de los lugares altos, que sacrificaban para ellos en los templos de los lugares altos. Temían al Eterno y honraban a sus dioses, según las costumbres de las naciones de donde habían sido trasladados. Hasta hoy hacen como antes: ni temen al Eterno ni guardan sus estatutos” 2 Reyes 17: 24 – 34
Esta cultura religiosa era la que imperaba cuando Felipe y la doctrina de Cristo llegaron a Samaria. En ese tiempo había un sacerdote de la magia que pretendía ser un apóstol de Dios. Lucas mediante su pluma nos dejó dicho “Hacía tiempo había en la ciudad cierto hombre llamado Simón, que practicaba la magia y engañaba a la gente de samaria, diciendo ser alguien grande. Todos estaban atentos a él, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: ¡Este si que es el poder de Dios, llamado grande! Le prestaban atención, por que con sus artes mágicas les había asombrado por mucho tiempo. Pero cuando creyeron a Felipe mientras anunciada el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres, aun Simón mismo creyó, y una vez bautizado él, acompañaba a Felipe; y viendo las señales y grandes maravillas que se hacían, estaba atónito”. Hechos 8:9 – 13
Simón el mago tenía la levadura de sus ancestros, supuestamente predicaba al verdadero Dios pero practicaba las malas artes y esa fusión de religiones era la misma de sus antepasados que creían en el Dios verdadero y adoraban a sus dioses. Simón fingió creer en el evangelio de Jesucristo al extremo que Felipe lo bautizó, pero la segunda prueba no la pasó “Los apóstoles que estaban en Jerusalén, al oír que samaria había recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan, los cuales descendieron y oraron por los samaritanos para que recibieran el Espíritu Santo. Porque aun no había descendido sobre ninguno de ellos el Espíritu Santo; solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Entonces les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo. Cuando Simón vio que por medio de la imposición de manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: dadme también a mí este poder, para que a cualquiera que yo imponga las manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: ¡Tu dinero perezca contigo, por que has pensado obtener con dinero el don de Dios! Tú no tienes parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; porque veo que estas destinado a Hiel de amargura y a cadenas de maldad” Hechos 8:14 – 23

Imposición de Manos después sdel Bautismo

Felipe bautizó al mago Simón, este fingió haberse convertido al evangelio. Aparentemente demostró arrepentimiento y conversión, de seguro ha de haber sido un momento de euforia para muchos cristianos, al saber que aquella prominente figura del paganismo se había sometido al procedimiento de las aguas bautismales, pero como dijo Pedro, Simón seguía prisionero en la oscuridad y la maldad. Al venir Juan y Pedro a oficiar la ceremonia de la imposición de manos, pusieron en observación al mago, y este no tardó mucho tiempo en revelar lo que en su corazón había, ofreciéndoles dinero por aquella bendición de recibir el celestial poder que viene de Dios. ¿Por qué se bautiza Simón, si verdaderamente no se había arrepentido ni convertido? ¿Qué ideas tendría en su cabeza? ¿Por qué quiso fingir tal arrepentimiento?
Amigo mío, sepa usted que el enemigo de las almas, muchas veces finge decir verdades para después sostener sus grandes mentiras, a esto se le llama “falacia”. El mismo Lucas narra una experiencia que pasó Pablo en Filipo “Aconteció que, mientras íbamos al lugar de oración, nos salio al encuentro una joven esclava que tenía espíritu de adivinación, la cual producía a sus amos gran ganancia, adivinando. Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, gritaba diciendo: ¡Estos hombres son siervos del Dios altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación! Hacía esto por muchos días. Y Pablo, ya fastidiado, se dio vuelta y dijo al espíritu: ¡Te mando en el nombre de Jesucristo que salgas de ella! Y salió en el mismo momento. Pero cuando sus amos vieron que se les había esfumado su esperanza de ganancia, prendieron a Pablo y a Silas, y los arrastraron a la plaza, ante las autoridades. Hechos 16: 16 – 19
¿Qué miraría de malo Pablo, que aquella pitonisa gritara que “ellos eran hijos del Dios altísimo”? Sencillamente, cuando estos misioneros se fueran, la gente iba a creer que eran del mismo espíritu de la pitonisa, el diablo aquí esta fingiendo decir una verdad para después sostener que la pitonisa era de espíritu de Dios, por ello el apóstol expulsa a aquel demonio, que por cierto le causó un gran problema a Pablo. Es la misma artimaña diabólica con Simón el mago, fingiendo convertirse a Jesucristo, pero no soportó el crisol al que fue sometido por Juan y Pedro. No le impusieron las manos y no tardó el mago Simón, presentarles un recurso de simonía ofreciéndoles dinero para que le dieran esa facultad.

En la carta a los hebreos el Espíritu Santo escribe “Por tanto, dejando las doctrinas elementales de Cristo, sigamos adelante hasta la madures, sin poner de nuevo el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno. Y esto haremos si Dios lo permitiere. Hebreos 6:1 – 3
Estas importantes ceremonias de los bautismos se fueron perdiendo, el oficio del bautismo en agua no se practica con seriedad, ni en el nombre que se debe hacer, no se imparten previo las doctrinas bautismales y mucho menos se practica el oficio de la imposición de manos.

Amigo radio oyente, es necesario que usted escudriñe mas a fondo las escrituras, si a usted lo bautizaron pero no le impusieron las manos después del bautismo, esta ceremonia esta incompleta, y está escrito que “lo falto no puede contarse” Eclesiastés 1:15. Si en su iglesia no practican adecuadamente estas ceremonias, es necesario que usted revise su fe, porque esta en juego el futuro de su vida.

Felipe, destacado hombre como evangelista trabajó febrilmente en esa zona de samaria, fue un instrumento que estuvo a la disposición de Dios para llevar adelante este gran proyecto de evangelización. En ese tiempo sucedieron acontecimientos grandes que marcaron el futuro histórico de la Iglesia de Jesucristo, en esos días “Un ángel del Señor habló a Felipe diciendo: Levántate y ve hacia el sur por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto, él se levantó y fue. Y he aquí un etíope, un alto funcionario de Candase, la reina de Etiopía, quien estaba a cargo de todos sus tesoros, y que había venido a Jerusalén para adorar, regresaba sentado en su carro, leyendo al profeta Isaías. El Espíritu dijo a Felipe: acércate y júntate a ese carro. Y Felipe corriendo le alcanzó y le oyó que leía el profeta Isaías. Entonces le dijo: ¿Acaso entiendes lo que lees? Y el le dijo ¿Pues como podré yo, a menos que alguien me guíe? Y rogó a Felipe que subiese y se sentase junto a él” Hechos 8: 26 – 31

Entonces los Ángeles del Señor ponían sus buenos oficios para darle movilidad al anuncio del Reino, y los hombres de Dios entendían con bastante facilidad los mensajes angelicales. Venía un negro etíope, eunuco o sea castrado, y regresaba de adorar de Jerusalén. De seguro que en los tiempos pasados, este etíope había sido un esclavo puesto que estaba castrado. Recuérdese que a los hombres los hacían eunucos para que cuidaran a las mujeres de los reyes. Pero este etíope por bendición de Dios, había subido de posición social e intelectual, pues ahora tenía un puesto muy elevado. Dice Lucas que “era un alto funcionario de Candase, reina de Etiopía, que estaba a cargo de todos sus tesoros”, era como el ministro de Hacienda de aquel país, había venido de muy lejos para adorar en el templo de Jerusalén, y en el fondo era un hombre sincero y humilde.
Cuando Felipe por orden del ángel se le acerca al carro, haciéndole parada, el eunuco le permitió subir al carro, y cuando Felipe le preguntó que si entendía lo que leía, este eunuco etíope fue sincero y humilde y le dijo “¿como podré yo si alguien no me enseña?”
Como eunuco que era, el etíope no tenía acceso a la congregación de Dios, no podía entrar al santuario para adorar, se tenía que sentar en el atrio donde estaban los gentiles, pues la ley decía “no entrará en la congregación del Señor quien tenga los testículos magullados o mutilado el miembro viril” Deuteronomio 23:1
Pero a pesar de este impedimento el negro había venido desde las lejanas tierras de Etiopía para adorar al Dios de Israel, y venía leyendo una porción de la escritura del profeta Isaías “La porción de la escritura que leía era esta: como oveja, al matadero fue llevado, y como cordero mudo delante del que lo trasquila, así no abrió su boca. En su humillación se le negó justicia; pero su generación, ¿Quién la contará? Por que su vida es quitada de la tierra. Respondió el eunuco a Felipe y dijo: Te ruego, ¿de quien dice esto el profeta? ¿Lo dice de si mismo o de algún otro? Entonces Felipe abrió su boca y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús” Hechos 8:32 – 35
Se entiende que él venía leyendo lo que ahora conocemos como el capítulo 53 del libro de Isaías, donde por anticipado se describía el sacrificio de Jesucristo, este caminante no había entendido las escrituras, solamente las leía. Pero Dios conociendo su fidelidad comisionó a Felipe que de samaria se moviera a la franja de Gaza y lo interceptara en el camino y le abriera las puertas de la salvación. Se lanzaron a un diálogo profundo, el cual desembocó en el bautismo del Eunuco. Él mismo etíope le dijo a Felipe “He aquí hay agua. ¿Qué impide que yo sea bautizado?” Hechos 8:36

Cerca de donde venía leyendo estaba escrita la reforma para que los eunucos entraran, la cual dice así: “El hijo del extranjero que se ha adherido al Señor no hable diciendo: Sin duda, el Señor me separará de su pueblo. Tampoco diga el eunuco: He aquí yo soy árbol seco. Por que así dijo el Señor: a los eunucos que guardan mis sábados, que escogen lo que yo quiero y que abrazan mi pacto, yo le daré en mi casa y dentro de mis muros un recordatorio y un nombre mejor que el de hijos e hijas. Les daré un nombre eterno que nunca será borrado” Isaías 56: 3 – 5
¡Con que alegría ha de haber recibido el eunuco esta noticia que le dio Felipe! Indicándole mediante el profeta Isaías que ahora tenía entrada a la congregación de Dios.
Con toda razón el ángel le dijo que hablara con el hombre que iba en el carro, por que el Eterno sabía de la vida piadosa de aquél etíope. Y luego dice la escritura que narra Lucas “Y  mandó a parar el carro. Felipe y el eunuco descendieron ambos al agua, y él le bautizó. Cuando subieron del agua, el espíritu del Señor arrebató a Felipe. Y el eunuco no le vio mas, pues seguía su camino gozoso” Hechos 8: 38 – 39.
El etíope aprovechó la oportunidad que Dios le brindó para entrar al Reino, él iba hacia aquel lugar lejano del África, donde no se conocía nada de las buenas nuevas que Jesús había traído a la tierra. Dios se le apareció en el camino mediante su instrumento Felipe, haciéndole todos los trámites correspondientes para que fuera adherido al pueblo de los Santos.
Alguien puede preguntarnos, ¿Por qué al etíope no le dieron clases de bautismo, previo a ser bautizado? Y ¿Por qué ahora tenemos que pasar por ese proceso de ser adoctrinados?
Amigo Radio oyente, el eunuco era un hombre piadoso, no era pagano, conocía los principios del respeto a Dios, recuerde que venía de adorar al eterno, no así nosotros los gentiles comunes y corrientes que no hemos conocido nada de Dios, por naturaleza nuestro Dios ha sido el palo y la piedra, hemos vivido una vida de oscuridad y de total alejamiento de Dios, se nos tiene que enseñar desde lo mas elemental el conocimiento de Dios. No nos podemos comparar con el etíope.

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